domingo, 2 de noviembre de 2008

Apócrifos de Eldellion - Atlas (parte 3)

Aquí tenéis otro fragmento del mapa de Eldellion. Esta parte se corresponde con la parte sur de la primera cuartilla que pusimos.
¡En cuanto estén todas las partes intentaremos unirlas en un macromapa y empezaremos a poner nombres!
¡Un saludo y gracias por visitarnos!

sábado, 1 de noviembre de 2008

Capitulo 3

Hals y Rolf

Aquel sueño reparador de tan solo veinte minutos les había devuelto la energía a los dos. Se desperezaron y comenzaron a recoger sus bultos.

- ¿Es completamente seguro ir por ese bosque, Rolf?
- Yo no he dicho que fuera seguro.
- Pero antes dijiste que…
- Que lo que decían eran leyendas. No es lo mismo.

Hals tragó saliva. Ya no se sentía tan valiente. Por un segundo pensó en proponer bordear el bosque, pero recordó a su familia y estaba seguro de que si quería hacer pagar a aquellos monstruos asesinos, se encontraría con pruebas más arduas. Además, no quería parecer un cobarde delante de Rolf.

- Vamos, chico.

Se adentraron en el bosque con paso firme. Los árboles conformaban un tapiz de tonos verdes y marrones. Ver a más de 10 pasos en aquella frondosidad era imposible.

En el suelo se podían ver frutas a medio comer, sin duda una fuente de alimento de primera orden para los seres que allí habitaban.

- Chico, antes no quería asustarte – dijo Rolf con un hilo de voz.
- No te preocupes, estoy bien – contestó en el mismo tono - ¿Por qué hablamos así?
- Nunca se sabe quién puede estar escuchando.

Caminaron durante media hora escuchando atentamente los sonidos del bosque. Hals podía ver cómo Rolf tensaba los músculos de su cuerpo ante el más mínimo crujido de una rama. El hombre estaba en un estado de completa alerta desde que se habían adentrado en Amrades. Hals se sentía, por un lado, tranquilo por la rigurosidad de la vigilia de Rolf y, por otro lado, preocupado por la tensión en que se encontraba ante el más mínimo ruido. ¿Temía una emboscada? ¿Los estaban siguiendo y no quería decirle nada para no preocuparlo? Si Rolf estaba tan preocupado, ¿cómo debía de sentirse él? El tiempo que había pasado con Rolf era suficiente para saber que pocas cosas podían perturbarlo…

El muchacho sacudió la cabeza y se deshizo de esos pensamientos. Lo último que quería era ser presa del pánico.

- Rolf… ¿pasa algo? –inquirió el chico.
- Chssss – susurró Rolf mientras se lleva un dedo a la comisura de los labios.

Un enorme oso de pelaje canela apareció unos metros más adelante. El animal se percató de su presencia, se puso sobre dos patas y lanzo un rugido estremecedor.

El pulso de Hals se aceleró en cuestión de segundos. El corazón se le iba a salir fuera. “Tranquilízate” se dijo a sí mismo, “Padre siempre decía que los animales huelen el miedo”. Sus piernas ignoraban a su cerebro y temblaban como un junco.

- Tranquilo, chico.

Rolf estaba frente a él plantado ante el oso sin mostrar el más mínimo signo de temor. Miró fijamente a la fiera durante unos segundos.

- Rolf… será mejor que nos apartemos muy despacio…

El oso le devolvió la mirada al hombre. Parecía como si estuvieran luchando mentalmente, y la expresión de Rolf delataba que él estaba ganando.

El oso soltó un bufido y sacudió la cabeza para, acto seguido, salir del camino por el lado opuesto al que había aparecido.

- ¿Cómo has…?

sábado, 25 de octubre de 2008

Capitulo 2

Hals y Rolf

Hals abrió los ojos con pereza. Tenía todo el cuerpo agarrotado tras el esfuerzo del día anterior. Se puso en pie y aplastó su revuelto pelo castaño en un intento infructuoso de peinarse.

- Buenos días, Rolf.

No hubo respuesta. Hals miró a su alrededor intentando localizar al hombre. “Genial. Se ha ido. Por eso quería que me durmiera.”

- Buenos días, chico. – dijo una voz detrás de él.

Hals echó la mano a la espada de forma instintiva y se giró rápidamente.

- ¿Rolf?
- ¿Quién si no? ¿Te pasa algo, muchacho?
- Hace un segundo no… no estabas ahí…
- Claro que estaba. Aún estás algo dormido.

Era extraño, apenas conocía a aquel hombre pero su voz le resultaba tranquilizadora y tenía la sensación de que se creería hasta la última palabra que saliera de aquella boca.
Rolf se acercó a la hoguera casi extinta y echó algo de tierra para apagar el fuego.
Era un hombre fuerte, de mirada dura y parecía curtido en el arte de la guerra.
Su pelo y barba canosos hacían evidente que no era joven, pero se encontraba en perfecta forma física.
Hals se imaginó dentro de unos años como él, y se rió entre dientes mientras descartaba la idea de que un mequetrefe delgaducho se convirtiese en un hombre hecho y derecho como aquel.

- Recojamos nuestras cosas y pongámonos en marcha, chico.

Hals asintió:

- Cuanto antes nos marchemos de aquí, mejor.
- No seas tan duro. Mucha gente mataría por tener un pedazo de tierra al que llamar hogar.
- El problema es que este ya no es el mío…
- … porque mi familia está muerta. – interrumpió Rolf – Aun así, es bueno tener un sitio a donde volver.
- Ya no hay nada que me apegue a este lugar, no es mi intención volver.
- Eso nunca se sabe muchacho. Movámonos.

Siguieron un camino sencillo que se había marcado en la tierra por el paso continuado de personas y animales. Llevaban ya diez minutos andando en silencio cuando Hals lo interrumpió:

- Este camino… ¿No lleva al bosque de Amrades?
- En efecto.
- ¿No vamos a ir por una ruta principal?
- Hay unas cuantas personas que no me tienen mucha estima.- repuso el hombre – Si he elegido este camino es más por tu seguridad que por la mía propia.
- Por las historias que he oído sobre ese bosque, tienes que estar muy desesperado para querer atravesarlo… o muy loco.
- No son más que habladurías y cuentos para asustar a los niños, muchacho.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque me crié allí.
- ¡¿Viven personas en ese bosque?!
- Más o menos…
- ¿Cómo que más o menos? – preguntó incrédulo.
- Lo verás llegado el momento.

Hals decidió no insistir y redobló el paso. Encontrar a las bestias que habían matado a su familia era más importante que obtener respuestas, y pasar por un simple bosque no iba a echarlo para atrás.

Tras un par de horas de caminar, durante las cuales no intercambiaron palabra, llegaron al bosque sobre el mediodía. A Hals empezaron a sonarle las tripas, y en ese momento se dió cuenta de que llevaba casi un día completo sin proba bocado.

- Vaya chico, parece que estás hambriento – le dijo Rolf con una sonrisa
- Es que no como nada desde ayer… - se disculpó Hals avergonzado
- No pasa nada chico, han sido muchas horas y muchas emociones. Espera aquí y ve encendiendo una hoguera, voy a por algo de comer.

Hals se dispuso a encender un fuego, y después de casi media hora, y no sin dificultad, consiguió hacerlo.
Rolf llegó poco después con un ciervo a la espalda.
Una mirada más minuciosa de lo que iba a ser su almuerzo hizo que Hals se diese cuenta de que las heridas mortales que habían acabado con el animal no eran del todo habituales.

- ¿Qué le ha pasado al ciervo? – Preguntó Hals extrañado
- Pues el condenado se revolvió más de lo que esperaba al caer en la trampa, y mi espada ya no está tan afilada como antes… Aún así servirá para comer.

Se dispusieron uno frente al otro y empezaron a despellejar al animal para llegar a la preciada carne, que fueron acercando al fuego para que se dorase.
Comieron hasta hartarse y guardaron algunas sobras para más tarde.
Rolf se echó boca arriba sobre el campo y le dirigió una mirada de complicidad a Hals:

- Muchacho aprovecha para descansar aquí un rato, que pronto entraremos en el bosque y no es recomendable pasar ahí la noche.
- Está bien.

Apócrifos de Eldellion - Atlas (parte 2)


¡Bueno! ¡Aquí tenéis otro fragmento del mapa de Eldellion! Como podréis apreciar es la parte del norte que faltaba.
Galliard y yo hemos estado hablando y hemos decidido que haremos actualizaciones cortas y a poder ser diarias o cada 2 días en lugar de capítulos tan extensos como el introductorio. ¡Así se hace menos pesado de leer!
Muchas gracias por pasaros por aquí y espero que os guste el segundo capítulo que subiremos en poco tiempo (o eso espero).

Saludos.

PD: Karela, busca tu isla xDD

miércoles, 22 de octubre de 2008

Apócrifos de Eldellion - Atlas (parte 1)

Bueno... Sé que todos lo estábais esperando... es algo que os hará preguntaros... ¡¿Cómo podía vivir sin tenerlo?!
¡Es extremadamente difícil de encontrar, una joya entre sus congéneres y además en edición limitada!
Es el auténtico e inimitable... ¡Mapa de Eldellion!... bueno... una parte de él... qué esperas... el resto está aún con niebla de guerra, deberás de explorarlo con nosotros.
¡Sed Bienvenidos al mundo de Eldellion!

martes, 21 de octubre de 2008

Capítulo 1

Prólogo

El aire cargado por el humo de las casas incendiadas era casi irrespirable, pero Hals sabía que no podía permitirse flaquear ahora. Una vez más desvió el arma mellada de aquel ser horrendo y le asestó un golpe en el hombro. Nada. La criatura tenía numerosas heridas sangrantes pero era demasiado fuerte o demasiado estúpida como para aceptar que estaba muerta. Al muchacho las piernas le respondían a duras penas y los brazos le ardían con cada esfuerzo por atacar o defenderse. “A este ritmo” pensó “Voy a acabar regando el suelo con mi sangre”.

El arma de la bestia mitad cerdo mitad hombre describió un arco y Hals la detuvo a escasos centímetros de su cara.

Aquel monstruo era fuerte y si no conseguía desembarazarse del forcejeo tendría las de perder. El arma se acercaba lenta pero imparable hacia su cara. Hals soltó una mano de la empuñadura y usó su antebrazo, protegido con un viejo brazalete, para empujar el arma hacia un lado. Sintió una punzada de dolor en la barbilla. “Tranquilo, no pierdas la cabeza” se dijo “Tan sólo es un corte superficial”

Dio un salto hacia atrás, pasó la mano por la herida, y se preparó para cargar.

Se abalanzó contra su rival e intentó asestarle un golpe en el costado, pero perdió el equilibrio al esquivar la acometida enemiga.

“Estoy perdido” pensó mientras hacía un esfuerzo titánico por no caer al suelo “Nunca pensé que acabaría muerto a manos de escoria como esta”.

Los segundos le parecían horas y esperaba con amargura el golpe que acabaría con su vida. Pero el golpe no llegó.

Hals cayó al suelo y escuchó una voz que no había oído antes, pero que le pareció dulce como un sueño.

- Hay que ver, chaval. Aún estás muy verde.

El muchacho se dio la vuelta para ponerse boca arriba y apoyó las manos en el suelo.

Un hombre de unos cuarenta años lo miraba con unos fríos ojos grises unos metros más allá.

- ¿No vas a levantarte?
- Err… - titubeó Hals, asombrado.
- Parece que tenías problemas con este krethlan…
- Más que problemas… Gracias por salvarme…
- No hay de qué, chico. – dijo el hombre mientras limpiaba su espada ensangrentada con un paño- ¿Cómo te llamas?
- Hals Gerker.
- Encantado, Hals Gerker. Mi nombre es Rolf Topfer y por lo visto los dioses me han utilizado para que vuelvas a enfrentarte a estos indeseables cuando seas un mejor desafío… o una mejor cena.
- Esperemos que lo primero.
- Eso sólo el tiempo lo dirá, chico. A unos nos templa y a otros nos rompe…
- Señor, siento interrumpir, pero he de ir a ver cómo está mi familia…
- Hm –sopesó el hombre- Será mejor que te acompañe… Puede que haya algún monstruo rezagado.
- Se lo agradecería.

Hals y Rolf caminaron entre las casas quemadas y los cadáveres mutilados. A medida que se acercaban a su destino perdían la esperanza de encontrar a alguien con vida.

- Chico… Yo me prepararía para lo peor… -comentó Rolf con todo el tacto que un hombre que ha dedicado su vida a la guerra puede tener.

Hals se detuvo ante una casa cuya puerta había sido derribada con violencia.

- Esta… esta es… - tragó saliva- ¿Madre? ¿Padre? ¿Estáis ahí?
- Espera aquí, yo echaré un vistazo

El muchacho esperaba con toda su alma que aquel hombre que acababa de conocer le diese una señal de que sus padres estaban bien.

Pero no fue así.

- Lo siento, hijo. –dijo, y sus palabras sonaron como un bloque de granito que cae violentamente contra el suelo – Lucharon hasta el final. Puedes estar orgulloso de tu familia.

Hals no dijo ni una palabra. Se dirigió hacia la parte trasera de la casa y volvió con una pala que había tenido tiempos mejores, y con esfuerzo se puso a cavar.

Rolf se acerco a Hals y le preguntó:

- ¿Qué haces muchacho?
- Enterrar a mi familia –consiguió responder Hals ahogando un sollozo.
- No soy quien te vaya a detener, pero tal y como lo veo yo, tu familia se merece un final mejor que acabar enterrados en medio de un camino. A los hombres de valor se tiene por costumbre incinerarlos…

Cabizbajo se acercó a unos escombros que aún ardían y cogió uno de los maderos que utilizó a modo de antorcha para prender fuego a su casa.

- Me refería a una pira en un lugar… diferente... a este paso prenderas fuego a lo que queda del pueblo…
- Ya no hay nada que me ate a este pueblo –afirmó mientras el que había sido su hogar se quemaba- Ahora podré buscar a quien haya hecho esto… y hacerlo pagar.
-Es una causa tan noble como cualquier otra, – asintió el hombre – pero esto puede que no haya sido más que un saqueo.
- En ese caso acabaré con los que hayan sobrevivido.
- Relájate chico. ¿Cómo los distinguirás? ¿Irás preguntando a cada una de esas bestias si atacaron Ninereeds?
- Si es necesario, lo haré. – sólo entonces se pudieron percibir lágrimas en sus ojos, que secó rápidamente con su mano.
- No sé si es que la impotencia te ciega o es que tienes lo que hay que tener… Pero voy a ayudarte. A un día de viaje de aquí hay un hechicero que podría encarrilarte. Sólo tenemos que encontrar algo que pertenezca a los krethlan que aún sigan vivos y lo utilizará para decirte su ubicación.
- Busquemos.

Hals buscaba debajo de cada piedra como un loco. El tiempo pasaba y ya habían recogido en un hatillo varios objetos sospechosos.

Cuando se hubo puesto el sol decidieron que era momento de cesar la búsqueda. Habían encontrado bastantes cosas que podrían valer y se merecían un descanso.

Rolf encendió una hoguera, limpió la herida que Hals tenía en la barbilla y le aplicó un ungüento para que sanase mejor.

-Tu primera cicatriz. Muéstrala con orgullo.-dijo Rolf con tono paternal.
-Me ayudará a no olvidar por qué lucho.
-Ja ja ja, no te preocupes, te lo recordarán constantemente los que intenten matarte. –se burló el hombre.
-Hmpf
-Listo. Puedes irte a dormir.
-Me quedaré haciendo guardia contigo.
-Duérmete, no hará falta guardia. Tengo mis recursos.

Capítulo 1

Prólogo


El aire cargado por el humo de las casas incendiadas era casi irrespirable, pero Hals sabía que no podía permitirse flaquear ahora. Una vez más desvió el arma mellada de aquel ser horrendo y le asestó un golpe en el hombro. Nada. La criatura tenía numerosas heridas sangrantes pero era demasiado fuerte o demasiado estúpida como para aceptar que estaba muerta. Al muchacho las piernas le respondían a duras penas y los brazos le ardían con cada esfuerzo por atacar o defenderse. “A este ritmo” pensó “Voy a acabar regando el suelo con mi sangre”.

El arma de la bestia mitad cerdo mitad hombre describió un arco y Hals la detuvo a escasos centímetros de su cara.

Aquel monstruo era fuerte y si no conseguía desembarazarse del forcejeo tendría las de perder. El arma se acercaba lenta pero imparable hacia su cara. Hals soltó una mano de la empuñadura y usó su antebrazo, protegido con un viejo brazalete, para empujar el arma hacia un lado. Sintió una punzada de dolor en la barbilla. “Tranquilo, no pierdas la cabeza” se dijo “Tan sólo es un corte superficial”

Dio un salto hacia atrás, pasó la mano por la herida, y se preparó para cargar.

Se abalanzó contra su rival e intentó asestarle un golpe en el costado, pero perdió el equilibrio al esquivar la acometida enemiga.

“Estoy perdido” pensó mientras hacía un esfuerzo titánico por no caer al suelo “Nunca pensé que acabaría muerto a manos de escoria como esta”.

Los segundos le parecían horas y esperaba con amargura el golpe que acabaría con su vida. Pero el golpe no llegó.

Hals cayó al suelo y escuchó una voz que no había oído antes, pero que le pareció dulce como un sueño.

- Hay que ver, chaval. Aún estás muy verde.

El muchacho se dio la vuelta para ponerse boca arriba y apoyó las manos en el suelo.

Un hombre de unos cuarenta años lo miraba con unos fríos ojos grises unos metros más allá.

- ¿No vas a levantarte?
- Err… - titubeó Hals, asombrado.
- Parece que tenías problemas con este krethlan…
- Más que problemas… Gracias por salvarme…
- No hay de qué, chico. – dijo el hombre mientras limpiaba su espada ensangrentada con un paño- ¿Cómo te llamas?
- Hals Gerker.
- Encantado, Hals Gerker. Mi nombre es Rolf Topfer y por lo visto los dioses me han utilizado para que vuelvas a enfrentarte a estos indeseables cuando seas un mejor desafío… o una mejor cena.
- Esperemos que lo primero.
- Eso sólo el tiempo lo dirá, chico. A unos nos templa y a otros nos rompe…
- Señor, siento interrumpir, pero he de ir a ver cómo está mi familia…
- Hm –sopesó el hombre- Será mejor que te acompañe… Puede que haya algún monstruo rezagado.
- Se lo agradecería.

Hals y Rolf caminaron entre las casas quemadas y los cadáveres mutilados. A medida que se acercaban a su destino perdían la esperanza de encontrar a alguien con vida.

- Chico… Yo me prepararía para lo peor… -comentó Rolf con todo el tacto que un hombre que ha dedicado su vida a la guerra puede tener.

Hals se detuvo ante una casa cuya puerta había sido derribada con violencia.

- Esta… esta es… - tragó saliva- ¿Madre? ¿Padre? ¿Estáis ahí?
- Espera aquí, yo echaré un vistazo

El muchacho esperaba con toda su alma que aquel hombre que acababa de conocer le diese una señal de que sus padres estaban bien.

Pero no fue así.

- Lo siento, hijo. –dijo, y sus palabras sonaron como un bloque de granito que cae violentamente contra el suelo – Lucharon hasta el final. Puedes estar orgulloso de tu familia.

Hals no dijo ni una palabra. Se dirigió hacia la parte trasera de la casa y volvió con una pala que había tenido tiempos mejores, y con esfuerzo se puso a cavar.

Rolf se acerco a Hals y le preguntó:

- ¿Qué haces muchacho?
- Enterrar a mi familia –consiguió responder Hals ahogando un sollozo.
- No soy quien te vaya a detener, pero tal y como lo veo yo, tu familia se merece un final mejor que acabar enterrados en medio de un camino. A los hombres de valor se tiene por costumbre incinerarlos…

Cabizbajo se acercó a unos escombros que aún ardían y cogió uno de los maderos que utilizó a modo de antorcha para prender fuego a su casa.

- Me refería a una pira en un lugar… diferente... a este paso prenderas fuego a lo que queda del pueblo…
- Ya no hay nada que me ate a este pueblo –afirmó mientras el que había sido su hogar se quemaba- Ahora podré buscar a quien haya hecho esto… y hacerlo pagar.
-Es una causa tan noble como cualquier otra, – asintió el hombre – pero esto puede que no haya sido más que un saqueo.
- En ese caso acabaré con los que hayan sobrevivido.
- Relájate chico. ¿Cómo los distinguirás? ¿Irás preguntando a cada una de esas bestias si atacaron Ninereeds?
- Si es necesario, lo haré. – sólo entonces se pudieron percibir lágrimas en sus ojos, que secó rápidamente con su mano.
- No sé si es que la impotencia te ciega o es que tienes lo que hay que tener… Pero voy a ayudarte. A un día de viaje de aquí hay un hechicero que podría encarrilarte. Sólo tenemos que encontrar algo que pertenezca a los krethlan que aún sigan vivos y lo utilizará para decirte su ubicación.
- Busquemos.

Hals buscaba debajo de cada piedra como un loco. El tiempo pasaba y ya habían recogido en un hatillo varios objetos sospechosos.

Cuando se hubo puesto el sol decidieron que era momento de cesar la búsqueda. Habían encontrado bastantes cosas que podrían valer y se merecían un descanso.

Rolf encendió una hoguera, limpió la herida que Hals tenía en la barbilla y le aplicó un ungüento para que sanase mejor.

-Tu primera cicatriz. Muéstrala con orgullo.-dijo Rolf con tono paternal.
-Me ayudará a no olvidar por qué lucho.
-Ja ja ja, no te preocupes, te lo recordarán constantemente los que intenten matarte. –se burló el hombre.
-Hmpf
-Listo. Puedes irte a dormir.
-Me quedaré haciendo guardia contigo.
-Duérmete, no hará falta guardia. Tengo mis recursos.