domingo, 15 de marzo de 2009

Capitulo 11

Rilonna


La ira era un sentimiento con el que estaba familiarizada. Estaba rodeada de inútiles y Perom no era más que otro fracaso en la larga, larga lista. El licántropo no era muy listo, pero no había duda de que era una gran pérdida en cuanto a lo que fuerza bruta se refiere.
Aquella noche habían llamado a la puerta de sus aposentos mientras dormía para comunicarle la noticia; unos exploradores habían encontrado el cadáver del Narillan cortado por la mitad sobre un charco de sangre. Mandó colgar a los dos sirvientes humanos que la despertaron. Estaba de muy mal humor: aquel elfo se había reído de ella y había acabado con su mejor guardaespaldas. «Nesthelion Verdeluz… te daré caza yo misma llegado el momento».

Rilonna se dirigió a la sala principal, donde la esperaba su trono de Matriarca y un sequito de inútiles con los que tenia que tratar, al menos de momento. Había conseguido el trono gracias a sus contactos y su crueldad sin parangón. No dudó en matar a su hermano, fiel guardián de la anterior Reina del Bosque, para llegar hasta la mujer que, a su juicio, no merecía tal cargo y acabar también con ella. El veneno de los recuerdos recorrió su cuerpo. Despreciaba a aquella anciana. Era débil y hacía parecer a su pueblo débil; intentaba entablar amistad con todos los seres inferiores en lugar de someterlos como correspondía a una raza antigua y poderosa como la Narillan. Sacudió la cabeza para deshacerse de sus pensamientos y redobló el paso.
Cuando hubo alcanzado la puerta de la sala principal los guardias a ambos lados de la entrada se pusieron firmes, saludaron cortésmente a su señora y le abrieron la puerta para que pasase.

- La Matriarca y legítima señora de los bosques de Amrades y Carbacuero, Rilonna Agwen. – anunció un hombre en cuanto cruzó la puerta para que los presentes se levantasen.

Rilonna se desplazó hasta el ornamentado trono de madera con relucientes filigranas de resina amarilla y tomó asiento.

- Bien… -comenzó- ¿Qué demonios pasa ahora? -la sala se llenó de murmullos.
- Mi señora… -un hombre dio un paso adelante y se dirigió a la regente – Nos han llegado noticias de que los rebeldes se están reagrupando…
- Que hagan lo que les plazca. –Escupió – No tienen fuerzas suficientes para desafiarme.
- Los espías nos han comunicado que… -tragó saliva – Que la hija de Gillaen Cyndell sigue con vida…
- ¡¿Cómo?! – Bufó histérica - ¡¿No encargué que la mataran en cuanto nos alzamos contra esa vieja bruja?! ¡Me habíais dicho que estaba hecho!
- Lo cierto es que… la creíamos muerta… -musitó el hombre.
- «La creíamos muerta»… Quiero que colguéis al chapucero que «creyó>> que estaba muerta. Y quemad su cadáver después de ahorcarlo para que no «crean>> que sigue vivo. ¿No es tan difícil, veis?
- Se hará lo que ordena, mi reina… - el hombre hizo una reverencia.
- En cuanto a esos rebeldes… - Rilonna se tocó el lóbulo de una oreja, pensativa – No creo que suponga un peligro real. La fe en una niña no puede parar espadas.
- La fe no, mi reina… - hizo una pausa – Pero Reinheld Maurer está al mando de esos rebeldes…
- ¿Ese viejo? – la mujer echó a reír – Cuando yo era pequeña ya era un anciano, seguro que se muere antes de dejar el campamento.
- Ha entrenado a casi todos los soldados que tenemos… Fue el primer comandante de la Cúpula de Gythien… Entenderá que se ha ganado el respeto de todos nuestros guerreros. – Carraspeó – Muchos tienen miedo de combatir contra Maurer…
- ¿Miedo? – Rilonna se inclinó en el asiento – Pobrecillos, el anciano va a hacerles daño con sus dientes de madera. Pues decid a vuestros hombres, que o luchan contra ese maldito viejo o tendrán que luchar contra mi y os aseguro que yo les enseñaré qué es el miedo –rugió.
- Lo que usted ordene, alteza…
- ¿Alguna noticia más? – Rilonna resoplaba, sin ocultar su enfado.
- No… eso es todo, mi señora. – respondió con un hilillo de voz.
- Bien. Me retiraré a mis aposentos. Quiero que hagáis llamar a Harren Preinz y que se persone ante mí en quince minutos. Cuento con que eso sí sabréis hacerlo… – ordenó la mujer.
- Así se hará – el hombre hizo una marcada reverencia mientras se retiraba caminando de espaldas.

Rilonna salió de la sala con paso firme y se dirigió a sus aposentos tras rechazar la escolta de los guardias, como siempre hacía. «Si yo misma puedo destripar a estos mequetrefes- había dicho en una ocasión – no creo que puedan defenderme ni de un inofensivo cervatillo». Desde entonces se negaba a ir con escolta dentro de la fortaleza arbórea.

Cuando llegó a su habitación el jefe de la guardia de Gythien estaba esperando frente a su puerta. Hizo una reverencia, giró el pomo y tiró para abrirle paso a su reina.
La mujer se acomodó en un confortable asiento de madera con almohadillas que simulaban ser de musgo, se recostó y cruzó las piernas mientras escrutaba con sus fríos ojos verdes la llegada de Harren, puntual, como siempre.

- ¿Qué desea su alteza? – preguntó el Narillan, manteniendo su rigidez característica.
- Quiero que reúnas a un grupo de tus mejores hombres. – Rilonna apartó la vista del jefe de la guardia y la clavó en sus uñas, como si acabara de descubrir que estaban ahí – Van a salir a cazar. Cazar a un elfo.

5 comentarios:

Strait dijo...

Los retrasos son siempre culpa de Galliard.
Siempre.

Heldfield dijo...

Galliard-haz-la-web? ese mismo Galliard? mmm interesante

La Señora esa me cae mal, es demasiado magnánima.

Heldfield dijo...

Un día soñé que la historia seguía...

Yo creo que los problemas de actualización son de Strait, tanto en el webcómic como en esto... ^^

He dicho.

Strait dijo...

¡Vete al carajo, lagartona! xDD

ragazzo comune o quasi dijo...

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